CAPITULO I: EL HOMBRE
1.1.
DEFINICIÓN
El
tema de la definición de hombre es fundamental para cualquier consideración
antropológica ulterior. El acuerdo o
desacuerdo sobre la esencia del hombre y su naturaleza constituyen el meollo de
toda antropología.
La
animalidad del hombre, por su evidencia no necesita demostración alguna. La
racionalidad, en cambio, necesita demostración pues no es tan evidente, al
punto de ser cuestionada y negada por muchas corrientes contemporáneas. La
razón pertenece al ámbito de lo espiritual y expresa la existencia del espíritu
en el hombre como algo real, distinto e irreductible a toda función orgánica o
psíquica inferior.
El análisis de las actividades humanas sirve
como demostración de esa realidad espiritual. Precisamente es la racionalidad
lo que cuestionan las corrientes antropológicas contemporáneas. (Lukac de Stier
L., 2010)
1.2.
MASCULINIDADES
La palabra masculinidad sugiere la idea de hombre y el título de este
trabajo podría sugerir que vamos a referirnos solamente a los hombres, haciendo
una apología de ellos o al contrario, que el objetivo es desprestigiarlos. Sin
embargo, el título no excluye la feminidad, inseparable y complementaria de la
masculinidad. Ni todos los hombres tienen las mismas actitudes y
comportamientos definidos como masculinos, ni todas las mujeres carecen de este
tipo de rasgos. Como veremos más adelante, la masculinidad parece tener una
serie de ventajas, por las cuales los hombres aceptarían de buen grado cumplir
los roles masculinos y las mujeres desearían adoptar por lo menos algunas de
las características atribuidas a ellos. Sin embargo, como la masculinidad, de
la misma forma que la feminidad, son construcciones sociales, la adhesión de
hombres y mujeres a una o a la otra dependerá de la educación que reciban en la
infancia y de las influencias a que sean sometidos a lo largo de su vida. Pero
nada impide que los hombres adopten algunas conductas consideradas femeninas y
las mujeres conductas masculinas. Cuando esto ocurra tendrán que enfrentar
conflictos de distinta gravedad, en la medida en que la sociedad en que viven
acepte o rechace estos desafíos a la norma. La aceptación o rechazo de la
masculinidad, como norma que prevalece en una sociedad, tiene un impacto
importante en la calidad de vida de los hombres y de las mujeres. Esto explica
la necesidad de analizar cómo ella se construye y qué importancia tiene para la
vida en sociedad, por ejemplo. Desde esta perspectiva, comenzamos abordando la
construcción de la masculinidad, las relaciones de género y el precio de la
masculinidad. Estos aspectos fueron enfocados desde una perspectiva holística,
que incluyó presentar al varón como una construcción genérica, inserto en una
sociedad y en constante interrelación con otras personas. (Hardy E. & Jiménez L., 2001)
1.3.
EL
HOMBRE Y EL SEXO
Parece una “verdad absoluta”, un dogma de nuestra
sociedad moderna, que el sexo para el hombre “es una necesidad” y que, por lo
tanto, debe ser satisfecha a costa de la mujer. Lamentablemente muchas mujeres
“se la creen” y actúan bajo este supuesto, entregándose pronto a sus enamorados porque las
presionan diciéndoles: “no creo que pueda esperarte hasta el matrimonio”, o
“aunque te respeto, no estoy de acuerdo con tu idea de esperar”.
Decía san Agustín, desde su propia experiencia —bien
sabemos que antes de su conversión él vivía una vida sexualmente activa sin
estar casado—, decía que «el
deseo carnal consentido se vuelve hábito; el hábito no combatido se vuelve
necesidad».
Si hoy en día se cree y proclama que “el sexo es una
necesidad”, no es porque lo sea verdaderamente —nadie se muere por no tener
sexo—, sino porque el deseo carnal se estimula, se consiente y alimenta
continuamente, sin límites ni restricción. Ya ni los niños se salvan,
pues además de toda la publicidad, películas y pornografía que pueden encontrar
en internet, se viene impulsando e imponiendo en muchos colegios una “educación
sexual inclusiva” que les enseña a explorar y experimentar “sin tabúes” y “sin
sentimientos de culpa” todo tipo de placeres eróticos.
Es así como todos aquellos que andan todo el día siendo
excitado y excitándose sexualmente, sin ofrecer resistencia alguna, terminan
creyendo que el sexo es una necesidad. Quizá nadie les dijo que podían
dominarse y dominar sus impulsos, simplemente creyeron que lo
normal era dejarse llevar por sus deseos sexuales, disfrutar y aprovechar toda
ocasión para experimentar un placer, muchas veces a costa de otra persona.
Quien aprende a dominarse a sí mismo, quien domina sus
propias energías sexuales en vez de ser dominado por ellas, sabe bien que el
sexo no es una necesidad,
y que las energías sexuales pueden y deben dominarse, a menos que uno quiera
arruinar su propia vida y la de muchas otras personas que sufrirán las
consecuencias de su falta de dominio personal.
¡Aprendan a dominarse a sí mismos, sus energías, sus
fuerzas sexuales, para llegar a ser hombres de verdad! Las mujeres necesitan de
hombres que las cuiden y protejan, no sólo de un peligro externo, sino también
del propio egoísmo que hay en nuestros corazones. ¡Cuántas veces ese egoísmo
lleva a deshacer el amor al “hacer el amor”!
Aprendan a dominar sus impulsos sexuales, entrénense, no
permitan que sus deseos sexuales se conviertan en hábitos, no dejen de luchar
para erradicar los hábitos que ya pueden haber generado… ¡sí se puede! Con
inteligencia, con decisión, con perseverancia, con mucha oración, ganarán un
verdadero dominio sobre sí mismos, necesario para amar y ser amados de verdad. (Jürgen
Daum P., 2014)
1.4.
EL
HOMBRE Y LA PORNOGRAFÍA
La pornografía es el
suministro de un producto al servicio de lo que se supone es la sexualidad
masculina, pero no sólo eso. Es también la sexual, sino el establecimiento de
una relación entre la persona que está mirando (el comprador) y el objeto
sexual que se le presenta. Diluir la línea divisoria entre erotismo y
pornografía es un elemento básico del mito de la pornografía. Sin embargo lo
que la pornografía hace desaparecer es precisamente el elemento misterioso sin
el cual el erotismo se convierte en pornografía -- y el círculo está cerrado.
Fuente y constante de reproducción de esta noción de la sexualidad, la misma
que está en la base de la prostitución y de la violencia sexual. Una manera
vulgar pero elocuente de formular esta noción sería que cuando a un hombre se
le empina, tiene que meterla… O sea que la pornografía no es educación sexual,
ni refleja las ganas sexuales de los hombres, sino un material a través del
cual los hombres aprenden el rol masculino. El mundo de la pornografía está
habitado por hombres siempre activos que aunque estén completamente desnudos,
nunca revelan nada de sus entrañas (y aún menos alguno de sus aspectos débiles)
y por mujeres que aunque estén llevando a cabo una actividad febril física
siempre son pasivas porque no están realizando su propia sexualidad sino la
dictada por las fantasías masculinas.
Las personas que han
formado su identidad sexual con la ayuda de la pornografía y por eso no han
aprendido la diferencia entre fantasía y realidad, tienen que volver
forzosamente a la pornografía para reafirmarse en esa identidad. Por eso muchos
hombres viven una vida doble: en el mundo de las fantasías pornográficas y en
una relación personal con una mujer, poseedora de una sexualidad propia. Sin
embargo, estos dos mundos nunca se, ya que la relación personal requiere del
hombre que ponga al desnudo su interior (incluso ante sí mismo), mientras que
la iconografía pornográfica le sugiere que todo existe solamente fuera de él y
que ser hombre no es una vivencia que nace desde dentro, sino es una hazaña
proyectada al mundo exterior.
No obstante, hay un mundo
donde las fantasías dictadas por el rol aprendido siempre se cumplen, sin que
el hombre tenga que enfrentarse a su propia inseguridad o a las dificultades
cotidianas de entablar o mantener una relación. Este es el mundo de la
prostitución. Por eso hay hombres que se dirigen a prostitutas o aprovechan su
hegemonía para crear una cultura en la que las fantasías pornográficas
masculinas se convierten en definición y medida de la sexualidad femenina. La
presentación de estas fantasías como algo universal es posible entre cosas por
el carácter casi totalmente anónimo e invisible de los actores principales de
la pornografía y de la prostitución: los clientes.
Habría que preguntarse
entonces quiénes son estos hombres que compran sexo en concreto. Hay varios
discursos que explican porque los hombres buscan prostitutas. Estos se pueden
dividir en cinco grupos principales, sin que un discurso excluya cualquier otro:
muchas veces varios temas se mezclan en el caso de un mismo individuo. (Szil P., 2001-2004)
1.5.
EL
HOMBRE Y LA SATIRIASIS
La satiriasis consiste
la adicción al sexo como su nombre indica, en una adicción, esto es, en una
dependencia o esclavitud al sexo que obliga a una actividad génito-orgásmica
desaforada, que provoca en quien la sufre un grave malestar y le lleva a la
desesperación por la imposibilidad de librarse de él. Es una conducta
claramente compulsiva; una tendencia involuntaria, irrefrenable, reiterativa e
irreflexiva, dirigida a una conducta sexual estereotipada de la que queda una
abrumante sensación de insatisfacción.
Para José Ramón Ayllón esta terrible adicción puede adoptar múltiples formas: “Desde
la masturbación compulsiva a los abusos sexuales, pasando por relaciones con
múltiples parejas heterosexuales u homosexuales, encuentros con personas
desconocidas, recurso continuo a la pornografía, prostitución o líneas
eróticas, exhibicionismo, pedofilia, turismo sexual, etc.”
Si ninguna de
estas formas es nueva, la revolución informática ha hecho posible la aparición
de una peligrosa dependencia a Internet: La ciber-adicción-sexual, que por su anonimato y accesibilidad propicia
los cada día más frecuentes ciberadictos
al sexo, que utilizan las webs porno
y los chats eróticos.
El
comportamiento compulsivo sexual se gesta, en la mayoría de los casos, en la
mente, donde las fantasías sexuales y los pensamientos eróticos se convierten
en engañosas válvulas de escape de los problemas laborales, las relaciones
rotas, la baja autoestima o cualquier tipo de frustración. En una primera fase
el individuo se abandona al goce de sus impulsos sexuales, que le absorben por
entero, debido su fuerza intensa y eclipsan cualquier otro tipo de intereses,
ya sean culturales, religiosos o laborales y como es lógico provocan un
decaimiento notable en las obligaciones contraídas. En esta primera etapa puede
uno llegar a vanagloriarse, despreciar a los demás y hasta pensar que vive a
tope.
Muy pronto sin
embargo su actividad sexual le será insatisfactoria y se prometerá abandonarla.
Pero ya será tarde pues el hábito contraído le obligará a proseguir en esas
prácticas y el pesar posterior a cada una de ellas será cada vez mayor. Los
sentimientos que tiene quien sufre de esta adicción son entonces muy negativos:
Descontento, sentimiento de estar
haciendo cosas indebidas, desprecio de sí mismo, autoestima por los suelos,
sensación de ser utilizada (en el caso de la mujer) como un klenex, o de estar
encerrado en un laberinto. (Montes M., 2011)
CAPITULO II: EL
PLACER SEXUAL
2.1.
DEFINICIÓN
El
placer sexual es lo que experimentamos al estar excitados sexualmente. La
excitación sexual es la respuesta del cuerpo a la estimulación sexual. Podemos
excitarnos por cosas que oímos, vemos, olemos, saboreamos o tocamos. Pueden
estar presentes en el mundo real, en nuestra imaginación o en nuestros sueños.
Podemos sentirnos muy excitados cuando acariciamos nuestras zonas erógenas,
cuando una pareja lo hace o cuando acariciamos dichas zonas de una pareja.
2.2.
CONSTRUCCIÓN
DEL DESEO: HITOS DE SIGNIFICANCIA
Según
Olavarría, la construcción del deseo es un proceso que implica tiempo
pues supone la toma de conciencia de la propia sexualidad, el cuerpo y de
situaciones particulares que hacen que el niño/adolescente perciba su
condición de varón sexuado y con identidad sexual (Olavarría, 1999). En este
proceso hay tanto subjetividades individuales como procesos sociales, en los
cuales algunos construyen hitos de significación en torno a su sexualidad. Es
decir, acontecimientos en la vida sexual con gran significado y que se
estructuran generalmente a través de ritos que funcionan como pasajes a otros status que generalmente lo da el grupo de pares.
pues supone la toma de conciencia de la propia sexualidad, el cuerpo y de
situaciones particulares que hacen que el niño/adolescente perciba su
condición de varón sexuado y con identidad sexual (Olavarría, 1999). En este
proceso hay tanto subjetividades individuales como procesos sociales, en los
cuales algunos construyen hitos de significación en torno a su sexualidad. Es
decir, acontecimientos en la vida sexual con gran significado y que se
estructuran generalmente a través de ritos que funcionan como pasajes a otros status que generalmente lo da el grupo de pares.
En
este sentido, las principales experiencias significativas en esta construcción son
los juegos eróticos infantiles, la polución nocturna, la masturbación y la primera
relación sexual. Es importante anotar que estos sucesos no son experimentados
por todos los varones y, aún en aquellos que los experimentan, la significación
es variada y no implica necesariamente un
proceso lineal. Lo común a todos estos varones, tanto entre aquellos que
descubrieron solos su sexualidad como entre los que tuvieron una pedagogía
sexual por parte de otros varones de mayor edad del grupo de pares, la
evaluación sigue siendo la misma: no estaban lo suficientemente preparados. (Vásquez Del Águila, E., 2000)
proceso lineal. Lo común a todos estos varones, tanto entre aquellos que
descubrieron solos su sexualidad como entre los que tuvieron una pedagogía
sexual por parte de otros varones de mayor edad del grupo de pares, la
evaluación sigue siendo la misma: no estaban lo suficientemente preparados. (Vásquez Del Águila, E., 2000)
2.2.1. Los juegos eróticos infantiles
En
la construcción del deseo de los varones heterosexuales, una de las experiencias
de mayor significado para ellos son los juegos con contenido erótico que
mantienen durante su infancia y niñez. Estos juegos generalmente se desarrollan
en contextos de mucha curiosidad por parte de los sujetos y pueden ser
desarrollados en parejas o en grupo.
El
objeto hacia el cual se dirige el erotismo no siempre es el sexo opuesto.
Muchos
varones desarrollan juegos con contenido erótico con niños de su mismo sexo. En
este caso, algunos varones viven con culpa esta situación, pues hay dos
transgresiones presentes: la sexualidad y el contacto con alguien del mismo
sexo.
En
algunos casos estos juegos eróticos incluso pueden prolongarse hasta la adolescencia,
donde los juegos pueden ser de mayor intimidad e inclusive incluir la
penetración.
Muchos
de estas experiencias en esta etapa no llegan a ser representadas como parte de
un deseo homoerótico pues hay elementos que lo justifican: la ingestión de
alcohol, significándose por tanto como transgresiones validas en un contexto
que, como dice Santiago, es de una "supuesta inconsciencia".
En
el caso de los varones homosexuales, estos juegos eróticos infantiles no se diferencian
de los de sus pares con identidad heterosexual. (Vásquez Del
Águila, E., 2000)
2.2.2. La polución nocturna
La
polución nocturna, resultado generalmente de sueños eróticos que terminan en
una eyaculación no "provocada" por el sujeto, es un acontecimiento
que si bien no se presente en todos los varones, sí representa para otros un
momento importante en la configuración de los significados para su sexualidad.
La
mayoría de estos varones ha experimentado una polución en algún
momento de su adolescencia. No siempre es un paso previo a la masturbación, pues algunos de ellos ya han tenido sus primeras eyaculaciones a través de la propia estimulación.
momento de su adolescencia. No siempre es un paso previo a la masturbación, pues algunos de ellos ya han tenido sus primeras eyaculaciones a través de la propia estimulación.
Para
la mayoría de los varones que experimentaron la polución, esta es una experiencia
que los desconcierta y que saben pertenece al ámbito de lo oculto.
Saben
que no pueden compartirlo con sus padres con la naturalidad que podría tener
algún otro acontecimiento en su salud. Generalmente la información previa que
tienen es proporcionada por el entorno del grupo de pares.
Esta
experiencia no llega a convertirse en un rito de pasaje hacia la sexualidad activa.
Ninguno de los varones lo significan como el inicio de su sexualidad, sino más
bien como la "constatación" de cambios maduraciones, y si bien hay placer
en estos sueños, no la representan como una experiencia significativa en la
configuración de su placer.
Para
algunos varones, la polución incluso se convierte en un "fastidio",
una experiencia no sólo poco placentera, sino que tratan de evitar pues esta eyaculación
"involuntaria" es una oportunidad perdida de placer, que ellos hubieran
preferido obtener a través de la masturbación.
Como
se ve, la polución nocturna no llega a convertirse en un "hito" en la
forma en que representen su sexualidad ni en la construcción del placer de
estos varones, sin embargo, su presencia forma parte de las vivencias ocultas y
con sentimientos de ambigüedad y desconcierto con que la sexualidad se presenta
en ellos. En general integran esta experiencia como una señal de que su cuerpo
está cambiando, y que otros acontecimientos más importantes serán el escenario
para experimentar estas sensaciones. (Vásquez Del Águila, E., 2000)
2.2.3. La masturbación
La
masturbación responde a la pulsión, a una necesidad de reconocimiento corporal
o de satisfacción del deseo a través de caricias en los genitales. (Sapetti A., 2006)
La
mayoría de estos varones ha tenido juegos eróticos en su niñez, ya sea en
pareja o en grupo con amigas y amigas de su entorno. Sin embargo, la
masturbación que implique la eyaculación, es un acontecimiento cuyo significado
se representa como diferente de estos juegos eróticos anteriores.
El
significado más arraigado de la masturbación en estos varones, es el de una búsqueda
para desahogar las "necesidades" del varón. Para la mayoría de ellos
es la única posibilidad de vivir su sexualidad en forma "activa" pues
aún entre aquellos que ya se han iniciado sexualmente, la poca frecuencia de
estas relaciones hace que la masturbación sea la experiencia de mayor presencia
en la obtención de su placer sexual.
Al
igual que los juegos eróticos de la niñez, la masturbación también se puede dar
en un contexto grupal, en donde no está presente el fantasma de la homosexualidad
sino que es parte de la complicidad y competencias entre varones.
Sin
embargo, para otros varones, estas experiencias de masturbaciones compartidas,
si bien no lesionan su identidad sexual actual, sí son episodios que prefieren
no recordar pues la posibilidad de reconocer contenidos homoeróticos en estas
prácticas les causa malestar.
Esta
práctica está instaurada en torno a una ambigüedad entre la prohibición y una
creciente permisividad de los discursos más "progresistas". Sin
embargo, esta búsqueda de placer no debe ser practicada en exceso, el placer
debe ser regulado, por lo que algunos varones incluso llegan a desarrollar
"estrategias" para canalizar esta "energía", generalmente a
través de la intensa actividad física.
La
masturbación se convierte en una experiencia de mucha
importancia en la sexualidad de los varones, pues para muchos es la puerta de entrada para su iniciación sexual, y es además, uno de los hitos más importante en la configuración del placer sexual. (Vásquez Del Águila, E., 2000)
importancia en la sexualidad de los varones, pues para muchos es la puerta de entrada para su iniciación sexual, y es además, uno de los hitos más importante en la configuración del placer sexual. (Vásquez Del Águila, E., 2000)
2.2.4. Iniciación sexual
De
todos los hitos antes descritos, la iniciación sexual es la que mayor
significado representa para los varones en la constitución de su deseo y en la representación de su sexualidad.
significado representa para los varones en la constitución de su deseo y en la representación de su sexualidad.
Esta
"obligación social" que algunos varones sienten para iniciarse
sexualmente, y que los lleva en algunos casos a recurrir al sexo comercial, es vivida con ansiedad y temor. La tensión entre búsqueda de placer y de cumplir con los mandatos grupales termina en una relación sexual que no satisface las expectativas personales de los sujetos, sólo las grupales, ante la necesidad de reconocimiento al interior del grupo. En este escenario, ya sea con una trabajadora sexual o con una mujer de mayor experiencia, la imagen de
sexualidad femenina que se configura es la de mujer con amplia experiencia sexual, son mujeres "curtidas". En este sentido, empieza el aprendizaje, la significación y la interpretación de lo que les ocurre actualizando las representaciones sociales de género y de identidad sexual configuradas en las agencias anteriores.
sexualmente, y que los lleva en algunos casos a recurrir al sexo comercial, es vivida con ansiedad y temor. La tensión entre búsqueda de placer y de cumplir con los mandatos grupales termina en una relación sexual que no satisface las expectativas personales de los sujetos, sólo las grupales, ante la necesidad de reconocimiento al interior del grupo. En este escenario, ya sea con una trabajadora sexual o con una mujer de mayor experiencia, la imagen de
sexualidad femenina que se configura es la de mujer con amplia experiencia sexual, son mujeres "curtidas". En este sentido, empieza el aprendizaje, la significación y la interpretación de lo que les ocurre actualizando las representaciones sociales de género y de identidad sexual configuradas en las agencias anteriores.
¿Qué
sucede con los adolescentes homosexuales en su iniciación sexual, en el contexto
del imperativo del debut sexual heterosexual?. Los dos varones entrevistados
que tienen sexo con otros varones, también pasaron por momentos de angustia
para su iniciación sexual. Ambos recurrieron al sexo comercial para llevarlo a
cabo.
En
la medida que estas experiencias de iniciación son representadas en forma negativas,
muchos de estos varones terminan por elaborar una "segunda iniciación".
La primera en este contexto de presión social y displacer y la segunda
iniciación cuando ellos sienten que fue por afecto o placer. Esta "segunda
iniciación" también está presente en los dos varones homosexuales.
No
todos se alinean con el imaginario esperado, algunos varones se apartan de
estos imperativos de actuación y alardeo masculino y buscan que su primera
relación sexual sea con una persona por la que sientan afecto y puedan disfrutar
del acto sexual. Estos varones recuerdan esta primera experiencia con mucha
ternura y satisfacción, y a diferencia de los otros varones, cuya iniciación es
con una persona casual o de sexo comercial, desarrollan una intensa actividad
sexual a partir de esta primera vez.
La mayoría de varones
consideran que el deseo sexual heterosexual es algo natural, que forma parte de
su ser hombre, que siempre estuvo en ellos.
Esta situación la reportan
incluso aquellos varones que tuvieron experiencias con alto contenido
homoerótico, pues estas prácticas, por muy ocultas y conflictivas que para
algunos puedan llegar a ser, no cuestionan su identidad sexual.
La noción de sexualidad
heterosexual se transmite e interioriza a través de mensajes, actitudes y
gestos rituales de sexualidad y masculinidad hegemónicas, las cuales se
convierten en verdaderas pedagogías de actuación para los sujetos. En esta
forma, el deseo
sexual se construye en este escenario social que prescribe y normatiza la sexualidad.
En el caso de los varones homosexuales, la constitución de su deseo sexual también es un proceso que implica tiempo para que sus sensaciones hacia personas de su mismo sexo sean interpretadas y representadas como parte de un deseo homoerótico. La tensión entre aceptar las normas de sexualidad esperada y su atracción por personas de su mismo sexo, no encuentran referentes inmediatos para configurar su deseo. Están socializados con el imperativo que los varones no pueden enamorarse ni desear a otros varones,
por lo que su proceso es de mayor soledad que la de la mayoría de varones heterosexuales. (Vásquez Del Águila, E., 2000)
sexual se construye en este escenario social que prescribe y normatiza la sexualidad.
En el caso de los varones homosexuales, la constitución de su deseo sexual también es un proceso que implica tiempo para que sus sensaciones hacia personas de su mismo sexo sean interpretadas y representadas como parte de un deseo homoerótico. La tensión entre aceptar las normas de sexualidad esperada y su atracción por personas de su mismo sexo, no encuentran referentes inmediatos para configurar su deseo. Están socializados con el imperativo que los varones no pueden enamorarse ni desear a otros varones,
por lo que su proceso es de mayor soledad que la de la mayoría de varones heterosexuales. (Vásquez Del Águila, E., 2000)
2.3.
CICLO
DE LA RESPUESTA SEXUAL:
El
ciclo de respuesta sexual es el patrón de la manera en que reaccionamos a la
estimulación sexual, incluso mientras dormimos. El ciclo consta de los cinco
pasos siguientes:
2.3.1. Deseo
Tenemos pensamientos
eróticos, sexualmente excitantes. Muchas cosas distintas pueden hacer que dos
personas se sientan mutuamente atraídas, como el contacto visual, la voz o el
perfume de la otra persona o la mirada fija en el otro. Todo esto puede llevar
a que las personas quieran o “deseen” intimidad sexual con el otro. Los
pensamientos eróticos también pueden comenzar cuando estamos solos; podemos
estar solos y empezar a pensar en lo placentero que sería masturbarse.
Pasar del deseo a la fase
siguiente, la excitación, puede ocurrir en una fracción de segundos, o puede
tardar mucho más. Dos personas pueden sentir deseo mutuo durante semanas o
incluso meses, por ejemplo, antes de tener contacto íntimo. (Planned Parenthood, 2014)
2.3.2. Excitación
El cuerpo responde al deseo y se
excita; reacciona automáticamente al deseo. Dos personas que se atraen
probablemente sientan que su cuerpo se excita. Quizá comiencen a comunicar la
excitación sexual que sienten por el otro. Esta comunicación puede comenzar con
gestos, caricias o sonidos. Durante la excitación sexual, el cuerpo libera
feromonas invisibles (olores que aumentan la atracción por el otro).
Esta etapa prepara nuestro cuerpo para
el juego sexual.
La fase de excitación puede
abandonarse en cualquier momento. El deseo, la excitación y las ganas de tener
juegos sexuales son normales. Sin embargo, nunca debemos hacer más de lo que
deseamos por el simple hecho de sentirnos sexualmente excitados.
La fase de excitación puede ser breve o duradera antes de que comience la fase de meseta. (Planned Parenthood, 2014)
La fase de excitación puede ser breve o duradera antes de que comience la fase de meseta. (Planned Parenthood, 2014)
2.3.3. Meseta
El cuerpo experimenta una
excitación sexual intensa y prolongada. Suele mantenerse mediante muchos tipos
de estimulación física. Puede incluir caricias y fricción en las zonas
erógenas; relaciones sexuales vaginales o anales; sexo oral; o puede incluir
todo lo anterior. Dura tanto como deseen las parejas.
Muchas personas intentan lograr
que la fase de meseta dure lo más posible. Algunos desean acumular tanta
tensión sexual y muscular como sea posible, a fin de tener orgasmos más
satisfactorios. Para otros, el placer intenso de la fase de meseta es tan
satisfactorio que pueden obviar por completo la fase siguiente, la fase
orgásmica. (Planned Parenthood, 2014)
2.3.4. Orgasmo
El orgasmo es el pico más
intenso del placer sexual. Ocurre al final de la fase de meseta y tiene lugar
cuando la tensión sexual y muscular que se acumula durante la fase de meseta se
libera en una serie rápida de espasmos musculares agradables e intensos.
Durante el orgasmo, el cuerpo también libera endorfinas que producen
sensaciones agradables.
Las mujeres experimentan
el orgasmo de diferentes maneras. Asimismo, los orgasmos pueden sentirse
diferentes en momentos distintos. Algunas mujeres pueden sentir un orgasmo de
cuerpo entero, lo cual abarca más que los órganos sexuales. Otras pueden tener
orgasmos múltiples. Otras pueden tener un orgasmo sólo si fantasean para
estimularse.
Es importante que las
mujeres comprendan lo que las hace sentir bien. Pueden preferir la estimulación
del clítoris, la vagina, el punto G, o quizá les guste la estimulación de
todas estas partes del cuerpo. Lo ideal sería que pudieran hablar con sus
parejas para recibir el tipo de estimulación que más las satisfaga. Esto puede
ser más gratificante que intentar tener un orgasmo de la manera en que piensan
que lo tienen otras mujeres.
En los hombres, el orgasmo
y la eyaculación suelen ocurrir al mismo tiempo, pero no son lo mismo. En
ellos, la eyaculación es la serie de contracciones de la próstata y las vesículas
seminales que hacen que el
semen salga del pene. Un hombre puede eyacular y no tener un orgasmo. Un hombre
también puede tener un orgasmo y no eyacular, como sucede en
la eyaculación retrógrada.
Los hombres tienen menos probabilidades que las mujeres de experimentar un orgasmo de cuerpo entero u orgasmos múltiples. La mayoría entra en la siguiente fase del ciclo, la fase de resolución, antes de poder tener otro orgasmo o eyaculación.
Los hombres tienen menos probabilidades que las mujeres de experimentar un orgasmo de cuerpo entero u orgasmos múltiples. La mayoría entra en la siguiente fase del ciclo, la fase de resolución, antes de poder tener otro orgasmo o eyaculación.
La fase orgásmica es la
más corta de todas las fases del ciclo de respuesta sexual. Suele durar menos
de un minuto y es seguida inmediatamente por la fase de resolución. (Planned Parenthood, 2014)
2.3.5. Resolución
El cuerpo vuelve al estado
anterior a la excitación sexual. La resolución ocurre ya sea que la persona
tenga un orgasmo o no. Es la última fase del ciclo de respuesta sexual.
Cuando el cuerpo de un
hombre entra en la fase de resolución, deja de mantener su erección y
experimenta lo que se denomina un periodo refractario. Es el tiempo que le
lleva a un hombre poder tener otra erección. La duración del periodo refractario
aumenta con la edad. En los hombres jóvenes, este tiempo es bastante breve. A
un hombre mayor le lleva mucho más tiempo tener otra erección después de
eyacular.
Las mujeres no tienen un periodo refractario. Pueden excitarse sexualmente inmediatamente después de tener un orgasmo. (Planned Parenthood, 2014)
Las mujeres no tienen un periodo refractario. Pueden excitarse sexualmente inmediatamente después de tener un orgasmo. (Planned Parenthood, 2014)
2.4.
MITOS
·
"Si el hombre pierde la erección es
porque no considera a su pareja atractiva". Existen diferentes
trastornos de la erección o simplemente estados de estrés o nerviosismo que
pueden generar este problema, más no tiene que ver con la atracción hacia la pareja.
·
"El hombre es quien
siempre debe llevar la iniciativa en las relaciones sexuales". Así como en la mujer, esta afirmación también se trata de un
prejuicio moral.
·
"Las bebidas alcohólicas mejoran el deseo sexual y la
erección". Estudios del Instituto de Investigaciones Médicas Keogh indica que el consumo de bebidas alcohólicas deteriora el
rendimiento sexual.
·
"Si el pene es de
mayor tamaño genera mayor placer a su pareja". El investigador bioquímico Pere Estupinyá indica que el tamaño del pene no tiene que ver con la capacidad de
dar placer a la pareja.
·
"Un hombre no llora ni
es sentimental". De acuerdo con datos del Centro
Nacional de Salud Mental los hombres también sufren
depresión de manera frecuente. Los hombres también son seres humanos con emociones y sentimientos.
CAPITULO III: DESEMPEÑO
SEXUAL
3.1.
DEFINICIÓN
La
socialización masculina centrada en la búsqueda constante de éxito, llevada al
plano sexual, se traduce en la configuración de un espacio de búsquedas de un
desempeño sexual “correcto” o “exitoso”, a través de actitudes socialmente
esperadas, de lo que debe y no debe ocurrir en el acto sexual.
Entre
los varones circulan imperativos de actuación que han sido constituidos en el
proceso de socialización. En este sentido, estos imperativos se inscriben en
representaciones anteriormente configuradas de sexualidad y masculinidad.
En
este momento de sus vida , del desarrollo sexual masculino para ser considerado
socialmente “correcto” o “ exitoso”, debe satisfacer las expectativas de cuatro
mecanismos que funcionan como imperativos ; él siempre quiere , él siempre
puede , él debe ser activo y el generad el placer de la pareja. (Vásquez Del Águila, E., 2000)
3.1.1. El hombre siempre quiere
Para
que el varón se acerque al ideal de sexualidad y masculinidad
hegemónicas, tiene que tener una predisposición permanente al sexo. La predisposición considerada "natural" del varón al sexo se representa como una "energía" sexual "omnipresente" en la vida sexual masculina. La imagen social es que el hombre siempre quiere tener sexo.
hegemónicas, tiene que tener una predisposición permanente al sexo. La predisposición considerada "natural" del varón al sexo se representa como una "energía" sexual "omnipresente" en la vida sexual masculina. La imagen social es que el hombre siempre quiere tener sexo.
En
algunos varones este imperativo social se inscribe en sus propias
subjetividades y se hace "carne" en ellos. El deseo masculino que está
presente en todo momento debe ser "solucionado" mediante la relación sexual, que se presenta como imposible de controlar, está presente incluso entre los varones homosexuales.
subjetividades y se hace "carne" en ellos. El deseo masculino que está
presente en todo momento debe ser "solucionado" mediante la relación sexual, que se presenta como imposible de controlar, está presente incluso entre los varones homosexuales.
En
otros varones en cambio, este imperativo no se aplica a sus experiencias personales,
y pese a ser conscientes de esta expectativa social, se apartan de éste y
reconfiguran sus subjetividades de manera diferente a la hegemónica.
La
masculinidad y sexualidad hegemónicas pueden estar tan arraigadas en varones
como en mujeres con modelos tradicionales. Del mismo modo, los discursos
emergentes también se pueden presentar en ambos sexos.
La
versión más extrema del siempre querer, la expresan algunos varones que llegan
a tener sexo con mujeres a las que sólo les une el deseo sexual inmediato y que
necesitan satisfacerlo para solucionar esta "tensión" corporal. Incluso
algunos llegan a tener sexo con mujeres en donde este deseo o "calentura"
es tan efímero que una vez terminado el acto sexual, el rechazo hacia la
persona es tal que ellos mismos se llegan a sentir mal. También es manifestada
por varones homosexuales, quienes al no poder controlar la
"calentura" de la sexualidad masculina, terminan en relaciones
sexuales donde incluso el propio deseo sexual no está dirigido hacia la persona
con la que están teniendo relaciones sexuales en ese momento. (Vásquez Del
Águila, E., 2000)
3.1.2. El hombre siempre puede.
Por otro lado, el desempeño sexual también se cuantifica por el número
de orgasmos obtenidos, los cuales actúan como índices de virilidad y de sexo "exitoso".
Sin embargo, estas imágenes están presentes más como expectativas sociales de
actuación sexual masculina que como experiencias de los sujetos. La mayoría de
estos varones relativizan estas representaciones de sexo cuantificable ante sus
propias limitaciones "biológicas" que les imposibilita tener orgasmos
sucesivos. Es decir, la propia "naturaleza" del varón pone límites a
esta "potencia" sexual masculina.
Para algunos varones, las angustias por el desempeño sexual
también se expresan en aspectos "físicos" del propio varón: en el
tamaño del pene. Para la mayoría de ellos este temor está basado en la importancia
que creen le dan las mujeres a las dimensiones del pene, importancia que según
ellos puede incluso estar disfrazada de un discurso más progresista que
minimizaría esta situación, pero que en la práctica es una fijación presente en
ellas, esta preocupación que
la mayoría de varones considera presente en las mujeres, está más
relacionada a una preocupación del universo masculino, de las fantasías y temores de los propios hombres, al igual que los varones homosexuales, ambos reconocen que el tamaño no se relaciona con la obtención de placer, pero sí con aspectos de virilidad, poderío e incluso mayor masculinidad.
la mayoría de varones considera presente en las mujeres, está más
relacionada a una preocupación del universo masculino, de las fantasías y temores de los propios hombres, al igual que los varones homosexuales, ambos reconocen que el tamaño no se relaciona con la obtención de placer, pero sí con aspectos de virilidad, poderío e incluso mayor masculinidad.
A pesar de la importancia de este "mito" del tamaño del
pene, la "potencia" sexual no está relacionada con las dimensiones de
este órgano, pues más importante que el tamaño es asegurar el desempeño
"exitoso" del pene. El hombre siempre puede es el imperativo social. La
potencia sexual del varón se asegura con una sexualidad sin "fallas".
Es decir que excluya situaciones como la eyaculación precoz, y principalmente
la impotencia. La ausencia o insuficiente erección son fantasmas que cuestionan
no sólo la actuación sexual sino la masculinidad de los varones.
Aquellos varones que experimentaron algún tipo de
disfunción sexual, especialmente las relacionadas con falta o ausencia de erección, sufren angustias por no poder cumplir el imperativo del "poder siempre". Esta situación no llega a ser del domino de lo abyecto como es el caso de la homosexualidad pasiva, pero se instaura como una frontera que lesiona en gran medida la virilidad de es tos sujetos e incluso puede llegar a cuestionar la propia identidad sexual.
disfunción sexual, especialmente las relacionadas con falta o ausencia de erección, sufren angustias por no poder cumplir el imperativo del "poder siempre". Esta situación no llega a ser del domino de lo abyecto como es el caso de la homosexualidad pasiva, pero se instaura como una frontera que lesiona en gran medida la virilidad de es tos sujetos e incluso puede llegar a cuestionar la propia identidad sexual.
Como dice DaMatta (1997), la sexualidad occidental es un espacio
donde se configura y expresa la masculinidad, y al estar la sexualidad
masculina centrada en el desempeño y la genitalidad, hace que los posibles
"fracasos" de este órgano tan endiosado configuren una dimensión
relacional y contextual de la masculinidad. Es decir que detrás de la
pertenencia del pene está la exigencia masculina de demostrar su buen uso
sabiendo relacionarse con él, acumulando experiencias sexuales
"exitosas" en las que se expresa la noción contextual de la
masculinidad y sexualidad hegemónicas: se es más hombre con aquella mujer que
con esta otra, o se es más hombre en este contexto de hombres que en este otro,
por lo que se reactualizan o recrean muchos de los gestos rituales que se
observaron en el grupo de pares de la niñez y adolescencia, cuya función sigue
siendo el de asegurar la integridad de estas débiles identidades masculinas.
De este modo, ser hombre no es la misma cosa que sentirse como hombre, pues esto último implica realizar la relación sexual con una mujer, quien dará en última instancia el título de "verdadero" hombre. El tamaño del pene, la eyaculación precoz y la impotencia son algunas de las preocupaciones comunes en los varones que acompaña su socialización y que funcionan como la frontera repudiada de la homosexualidad pasiva: no se debe pasar jamás, temores que generan angustias y empobrecen las posibilidades de satisfacción tanto física como emocional, pues un "mal" desempeño sexual, se asocia con fracasos como hombre. (Vásquez Del Águila, E., 2000)
De este modo, ser hombre no es la misma cosa que sentirse como hombre, pues esto último implica realizar la relación sexual con una mujer, quien dará en última instancia el título de "verdadero" hombre. El tamaño del pene, la eyaculación precoz y la impotencia son algunas de las preocupaciones comunes en los varones que acompaña su socialización y que funcionan como la frontera repudiada de la homosexualidad pasiva: no se debe pasar jamás, temores que generan angustias y empobrecen las posibilidades de satisfacción tanto física como emocional, pues un "mal" desempeño sexual, se asocia con fracasos como hombre. (Vásquez Del Águila, E., 2000)
3.1.3. El hombre debe ser activo.
El imperativo social configurado en la adolescencia para que el
varón tenga domino y conocimiento sobre las mujeres y el sexo, se traduce ahora
en que el hombre debe delinear la relación sexual, debe ser "activo",
lo cual se relaciona además con el repudio a la frontera de la pasividad en la
sexualidad masculina.
Esta actividad implica que el hombre tome la iniciativa, corteje y
dirija todo el acto sexual.
Este imperativo genera muchas tensiones entre los varones, pues
como vimos la pasividad sexual es una frontera repudiada de la sexualidad
masculina y la actividad es un imperativo de actuación. La tensión entre las
imágenes sociales del entorno social y los propios deseos de estos varones, se
expresa en que muchos de ellos reconocen este imperativo social pero al mismo
tiempo reclaman una mayor actividad femenina, lo cual les podría dar la
posibilidad de experimentar "roles" en su sexualidad de menor
responsabilidad propositiva y activa durante el acto sexual.
Sin embargo, este deseo por una mayor "actividad"
femenina, no significa que el varón se convierta en el sujeto
"pasivo" del acto sexual. En este sentido, la posibilidad de una real
mayor "actividad" femenina es algo que les produce tensión y
sentimientos contradictorios pues no se tolera "excesos" en esta actividad.
Esta posibilidad los asusta e inhibe y al mismo tiempo termina por minar su
deseo ante el enfrentamiento a la pasividad del varón, que como ya
se vio, es una frontera repudiada en la sexualidad masculina.
se vio, es una frontera repudiada en la sexualidad masculina.
Es interesante analizar como este imperativo está instaurado para
todos los varones, pues aún aquellos con identidad homosexual sintieron esta
presión social en su sexualidad. (Vásquez Del Águila, E., 2000)
3.1.4. El hombre debe generar el placer de la pareja.
A los imperativos de actuación para un desempeño sexual
"correcto", se adiciona uno nuevo: generar el placer de la pareja
sexual. Para cumplir con las exigencias de las sexualidades y masculinidades
hegemónicas no basta con tener disposición al sexo, "potente" o
"activo", hay que asegurar también la obtención del placer de la
pareja sexual.
Sin embargo, para la mayoría de estos varones este imperativo es
contextual al tipo de vínculos que establecen. En estos varones conviven en
forma más explícita la polaridad entre el varón que "genera" el
placer de la pareja y el varón que sólo se preocupa por su propia satisfacción.
En el primer caso estamos ante relaciones con parejas formales o del entorno
social del sujeto, y en el segundo, ante relaciones ocasionales generalmente de
una sola vez.
En aquellos varones que no tienen relaciones ocasionales, este
imperativo social, deja de ser contextual y se incorpora como un mandato para
su sexualidad.
Y son éstos varones los que en mayor medida sienten la
"carga" del imperativo e incluso de los reclamos femeninos, por lo que
esperan mayor equidad en las "responsabilidades" por general el
placer del otro.
Es interesante observar el relato de Santiago, un varón con
identidad y
prácticas heterosexuales que en un momento de su vida estableció una relación sexual con otro varón, sin que para él esta relación lo apartara de su identidad y preferencias heterosexuales. Santiago refiere como en esta relación se vio "liberado" del imperativo de pensar en el placer del otro para dedicarse a disfrutar del placer propio.
prácticas heterosexuales que en un momento de su vida estableció una relación sexual con otro varón, sin que para él esta relación lo apartara de su identidad y preferencias heterosexuales. Santiago refiere como en esta relación se vio "liberado" del imperativo de pensar en el placer del otro para dedicarse a disfrutar del placer propio.
En la búsqueda de generar el placer de la pareja, se presenta la
amenaza para el cumplimiento "exitoso" del mismo, de que la mujer, al
no obtener orgasmo, mienta al varón, ya sea por complacerlo o por consideración
y "finja" un orgasmo que no obtuvo. Esta posibilidad ocasiona en
algunos casos dudas y desconfianzas ante la escasa posibilidad de probar la
certeza del mismo. Todo lo cual genera ansiedad, preocupación y en algunos
casos malestar entre los varones.
Los varones están en constante negociación entre estos cuatro
imperativos de su entorno social y sus propias vivencias
personales. En esta negociación intersubjetiva, existe mucha diversidad en la forma en que algunos varones se alinean a lo socialmente esperado y otros se distancian del mismo. Sin embargo, en ambos casos, el imaginario social que prescribe estos mandatos, está fuertemente arraigado en todos ellos y funcionan como modelos hegemónicos que son referentes de la sexualidad que todos reconocen como la socialmente valorada. (Vásquez Del Águila, E., 2000)
personales. En esta negociación intersubjetiva, existe mucha diversidad en la forma en que algunos varones se alinean a lo socialmente esperado y otros se distancian del mismo. Sin embargo, en ambos casos, el imaginario social que prescribe estos mandatos, está fuertemente arraigado en todos ellos y funcionan como modelos hegemónicos que son referentes de la sexualidad que todos reconocen como la socialmente valorada. (Vásquez Del Águila, E., 2000)
3.2.
SIGNIFICADO
DE LA SEXUALIDAD MASCULINA
La sexualidad de los varones tiene una
asociación directa con actividad sexual, con el acto concreto de tener sexo: sexualidad es tener relaciones sexuales, que como dice Weeks, es el significado dominante en la cultura occidental actual7. Esta primera asociación se relaciona con un eje central en torno al cual se estructuran los otros significados de la sexualidad: el del sexo como sinónimo de placer. De esta forma el sexo para estos varones parte de una independización de funciones reproductivas, pues lo central en la actividad sexual es el la obtención de placer. (Vásquez Del Águila, E., 2000)
asociación directa con actividad sexual, con el acto concreto de tener sexo: sexualidad es tener relaciones sexuales, que como dice Weeks, es el significado dominante en la cultura occidental actual7. Esta primera asociación se relaciona con un eje central en torno al cual se estructuran los otros significados de la sexualidad: el del sexo como sinónimo de placer. De esta forma el sexo para estos varones parte de una independización de funciones reproductivas, pues lo central en la actividad sexual es el la obtención de placer. (Vásquez Del Águila, E., 2000)
3.2.1. Conquista y dominio de mujeres
En la configuración de las masculinidades, el sexo es un espacio
privilegiado para afirmar y demostrar la identidad de género del varón. De esta
forma, en el escenario de la sexualidad, la conquista del mayor número de
parejas sexuales, es una forma de acercarse al ideal de las masculinidades y sexualidades
hegemónicas.
Esta conquista se convierte en un record en el currículum sexual
del varón. Una "grilla" en la que deben ingresar la mayor cantidad de
mujeres posibles y el sexo se convierte en un "trofeo" a exhibir,
como forma de lograr y reafirmar la virilidad ante la fragilidad de la
identidad sexual masculina.
A esta conquista se adiciona la búsqueda de ejercicio de
dominación y poder de los hombres sobre las mujeres, el cual parte de las
diferencias anatómicas de los sexos (el pene es intrusivo y la vagina receptiva),
para inscribirse en la forma en que se desarrollan las relaciones sexuales. (Vásquez Del
Águila, E., 2000)
3.2.2. Afecto y comunicación
Otra imagen de lo que significa el sexo para los varones, es el
afecto y la comunicación. Estos significados están en constante tensión y
contradicción con otro muy arraigado, el de que los varones separan amor y
sexo. Para la mayoría de estos varones, el amor y el sexo pueden estar
escindidos, no necesariamente van juntos. Es el sexo "puro", pues
sólo en términos ideales se logra una sexualidad "plena", es decir
donde confluyen amor y sexo en una misma persona, que generalmente es la pareja
a la que se ama.
En el caso de los varones homosexuales, las tensiones en las
representaciones de la sexualidad masculina entre sexo y afecto como unidos o escindidos también se presenta en forma dominante. Tensión entre una sexualidad de sexo "puro" y otra de sexo "pleno".
representaciones de la sexualidad masculina entre sexo y afecto como unidos o escindidos también se presenta en forma dominante. Tensión entre una sexualidad de sexo "puro" y otra de sexo "pleno".
De esta manera, la sexualidad masculina se representa con
significados en constante tensión y contradicción, en el que estos cuatro ejes
descritos se actualizan y superponen al interior del grupo y en un mismo
sujeto. Estos significados se entrecruzan con otras imágenes elaboradas en
torno a la sexualidad femenina y las imágenes de mujeres con las que establecen
sus diferentes tipos de vínculos, así como con otras dimensiones de la
sexualidad masculina como las fronteras repudiadas de actuación y las
expectativas de un desempeño sexual "correcto". (Vásquez Del Águila, E., 2000)
CAPITULO IV: ORGASMO
MASCULINO
4.1.
DEFINICIÓN
Podemos entender que el placer estaría en la descarga de la
tensión acumulada y que el fin de la relación sexual es entonces el orgasmo.
Pero si esto es así, ¿por qué, entonces, muchos lo alejan y lo posponen en el
tiempo lo más que pueden? ¿Por qué si el placer está en la disminución de la
tensión se disfruta tanto de una tensión extrema que psíquicamente debería ser
vivida como displacentera?
Podríamos decir que esto se da, tal vez, porque en la sexualidad
se juega un más allá del Principio del Placer, lo cual explicaría por qué el
orgasmo tiene algo de doloroso. Basta con ver el descontrol, el pulso que se
acelera, los gemidos, los gestos del rostro, para entender que algo de esto
hay. De hecho, los niños en sus fantasías imaginan que el acto sexual es algo
agresivo. Y no debe de extrañarnos, sobre todo si pensamos en las
manifestaciones físicas y verbales que lo acompañan.
Ahora bien, si hablar del orgasmo es hablar también de algo
enigmático, en los hombres esto parece zanjarse un poco porque se confunde el
orgasmo con la eyaculación. ¿Pero esto es así? Cuántas veces alguien eyacula y
sin embargo el placer obtenido no ha sido demasiado grande, sino que se trató
solamente de una descarga seminal provocada por ciertos estímulos corporales,
pero sin la aparición de la sensación fuerte, casi descontrolada que produce el
orgasmo, mientras que otras veces esas sensaciones sí aparecen aun en ausencia
de eyaculación.
Del mismo modo, también algunos hombres, por supuesto hablo de
aquellos cuya elección es la heterosexualidad, necesitan constatar que su
pareja ha disfrutado del encuentro sexual pero, como ni siquiera tienen esa
prueba engañosa de la eyaculación, es que suelen ser más inseguros y les cuesta
eludir la pregunta: “¿Y, llegaste? Pero no me mientas, decime la verdad”.
Y muchas veces, aunque se le diga la verdad, ésta no alcanza para
convencerlo. Por eso, esta idea estereotipada que circula sobre el fingimiento
del orgasmo femenino tiene en realidad dos posibles motivos: el primero de
ellos es tranquilizar al otro demandante que quiere escuchar que ha estado a la
altura de las circunstancias. Como si con los gritos exagerados se le estuviera
diciendo: “¿Así está bien? ¿Estás tranquilo? Vos decime cuántas veces lo
necesitas y yo te lo doy”.
El otro motivo posible, el de la mentira, suele ser que
muchas mujeres se avergüenzan de no llegar al orgasmo. Como si hubiera algo que
está mal en eso, como si fueran menos mujeres. Entonces el fingimiento viene a
cubrir lo que ellas viven como una falencia personal. Pero, tanto en ambos
casos, la problemática que se pone en juego es la de la inseguridad, ya sea de
uno o del otro. (Rolón G., 2012)
4.2.
ZONAS ERÓGENAS
Las zonas erógenas son las
áreas de la piel que probablemente nos causa excitación cuando las tocan. Por
ejemplo, los órganos
sexuales son
muy sensibles al tacto, en particular el glande del clítoris o el pene. Tocar otros lugares de la
piel también puede provocar excitación. Otras zonas erógenas son, por ejemplo,
los brazos, la espalda, los glúteos, las orejas, los pies, los dedos de las
manos, las piernas, el cuello, los pezones y la vagina.
Cualquier lugar del cuerpo
puede ser una zona erógena, pero no son las mismas para todos. Todos tenemos
gustos distintos en lo que respecta a los lugares donde nos gusta que nos
toquen. Por lo tanto, las zonas erógenas son únicas de cada uno. (Planned Parenthood, 2014)
4.2.1. Tipos
4.2.1.1.
Punto
G
Punto G, que
es la glándula prostática y el perineo. La próstata es una glándula del
tamaño de una nuez, que controla las erecciones, la eyaculación y los orgasmos; y el perineo es el área
entre el escroto y el ano.
El perineo no
tiene una función específica, pero permite un acceso indirecto a la próstata, y
eso, amigos, vale oro. La próstata por sí misma puede ser accedida a través del
pasaje anal, y cuando es estimulada, tiene el poder de generar orgasmos
increíbles.
La glándula
puede ser alcanzada insertando un dedo lubricado en el ano, o para
los más osados, también juguetes sexuales. Masajear amablemente la
glándula puede producir orgasmos explosivos a muchos
hombres.
A algunos
hombres les gusta que estimulen su próstata una vez que están con una erección
completa, mientras que otros sienten que la estimulación prostática
incrementa su erección y los conduce al mejor orgasmo que han
experimentado en sus vidas. Hay casos en los que los hombres ni siquiera
necesitan estimulación en sus penes, porque el placer que viene del masaje
prostático es suficiente para producirles un orgasmo.
La próstata es
una glándula que tiene mucha transferencia nerviosa, y por ello es que el área
se excita rápidamente, lo cual resulta muy a menudo en un intenso
orgasmo.
4.2.1.2.
Punto
F
Punto F es uno
de los más importantes. Aunque aún resulta muy desconocido para muchos por ese
nombre, es importante señalar que la estimulación del punto F puede dejar a un
hombre extasiado de placer. El punto F, más conocido como frenillo o
frenulum, es una de las zonas erógenas con las que mayor excitación se consigue
gracias a su estimulación.
Esta fina línea
que se localiza justamente debajo del glande es verdaderamente sensible. Si
bien es cierto que muchas mujeres se detienen unos segundos para estimular el
punto F, la mayoría no le dan la importancia y dedicación necesaria. De hecho,
son muchísimas las mujeres que ignoran cómo estimular el frenillo de un hombre
en la cama. Hay que destacar que el frenillo posee un fuerte potencial de
placer y excitación en el hombre.
Una buena
manera para volverle loco de placer es cuando se realiza sexo oral, ya que se
deberá colocar uno de los dedos justo sobre el frenillo y moverlo de arriba
abajo como si se acariciase para brindar una perfecta sincronía con la boca.
También resultan recomendables determinadas posturas sexuales, como la postura
del misionero o la postura del perrito, ya que ambas logran una mayor fricción
de esta región erógena masculina.
El cuerpo del
hombre está repleto de zonas erógenas, zonas que lamentablemente muchas mujeres
no se atreven a explorar, por este motivo son muchos los hombres que desconocen
las diferentes zonas erógenas que se localizan en su cuerpo. Conocer los puntos
más sensibles y placenteros de un varón es fundamental para conseguir que el
hombre disfrute de unas sensaciones y placer inigualables.
4.2.1.3.
Punto
O
Según el sexo
tántrico, un ligero masaje en la rabadilla despierta el "kundalini" o
energía sexual. Frotar el cóccix de un
hombre desata su energía sexual. El espacio en forma de “O” en la base de
la columna vertebral está lleno de nervios que están conectados al pene, y
acariciarlo puede despertar su libido. Pon dos dedos de cada mano en este punto y
traza pequeños círculos mientras besas su espina dorsal.
4.2.1.4.
Punto
X
La línea del
centro de su trasero, junto con el pliegue donde cada glúteo se une con
el muslo, más el pliegue del interior de sus muslos, forma una “X”. Esta
zona es muy excitante porque abarca la zona del ano, el perineo y los
testículos, sin tocarlos de forma directa.
4.2.1.5.
Punto
C
La
oreja también tiene su punto G y, concretamente, el borde
exterior de la misma, es otra zona súper excitante. "Esta firme
prominencia cartilaginosa en forma de C alberga una gran cantidad de
nervios", explica Barbara Keesling, autora de "Cómo volver loca a la
mujer en la cama" (Robinbooks). Bésale en el cuello lentamente y
ve desplazando tus labios hacia la parte trasera de la oreja. Apoya
los labios en la zona alta del pabellón auditivo y recorre el borde de modo que
roces la parte trasera y delantera de la oreja al mismo tiempo. Cuando sientas
que su nivel de excitación está a tope, habrá llegado el momento de mordisquear
y succionar su punto C. ¿Un toque extra? Acaríciale los genitales al mismo
tiempo y con el mismo ritmo. Lo volverás loco porque es una de las zonas
erógenas masculinas más demandadas por ellos.
4.2.1.6.
Punto
W
Recorre el
borde de su pectoral hacia abajo, desplaza el dedo hacia el centro y después
hacia arriba para hacer el mismo movimiento pero a la inversa en el otro lado.
Esta postura kamasutra es como si dibujaras una uve doble. Empieza con una
caricia firme (ponte un poco de lubricante en la yema del dedo para
que el roce de la piel sea más placentero) y luego repite el movimiento de
forma más suave, con la mano o con la lengua. Cuanto más despacio le toques
más excitarás todos los nervios que están bajo la piel. Alterna las caricias
hacia delante y hacia atrás a lo largo de todo el punto W y no te olvides de
prestar especial atención a sus pezones. Aumenta la presión y
tócalos cada vez un poco más fuerte para que se concentre más sangre en la zona
y la sensación de placer se intensifique.
4.2.1.7.
Punto
8
Este rincón es
una bomba de placer. Coloca el dedo en la base de su pene, en el punto
exacto donde se une a los testículos. "Esta zona está recubierta de
un tejido igual de sensible y eréctil que el del pene", señala
Kerner. Dibuja con la punta del dedo un anillo alrededor de la base de su
miembro (ésa es la parte superior del ocho), entonces dibuja otro alrededor de
su escroto justo en donde se adhiere al cuerpo (ésa es la parte inferior).
Durante
los juegos sexuales previos dibuja ese ocho imaginario con el dedo o
estimula una mitad con la lengua mientras acaricias la otra.
Para multiplicar las sensaciones, alterna los movimientos y así no
sabrá qué es lo que vas a hacer a continuación. Haz círculos con la lengua
alrededor de los testículos, esta es otra manera de excitar esas zonas erógenas
masculinas y, al mismo tiempo, presiona suavemente la base del pene. Este
pinzamiento retiene la sangre en la zona y prolonga la excitación un poco más.
4.2.1.8.
Punto
R
Los testículos
son extremadamente sensibles y, de hecho, hay un pequeño punto que, bien
estimulado, le lleva al placer total antes que cualquier otro roce. Se trata de
esa línea que recorre el centro de su escroto de arriba abajo. Pero también es
verdad que es un punto tan sensible que hay hombres que lo encuentran
maravilloso y otros que ni locos se dejan tocar.
Los testículos son muy
sensitivos, pero el Rafe es la parte más sensible. Esta fina costura
de piel que corre por el centro
del escroto, de arriba abajo, está
repleta de terminaciones nerviosas. Esta zona puede estimularse en la postura
del “perrito”.
4.3.
ESTIMULACIÓN
4.3.1. Bailes Eróticos
Un baile
erótico es, un conjunto de movimientos con el propósito de excitar a un hombre.
Pasos para
hacer un baile erótico:
El arte de la
seducción no hay complejo ni timidez que valga. A él le gusta tu cuerpo tal
cual es y así te desea, por eso deja a un lado los pensamientos entorno a
tus defectos y concéntrate más bien en tus puntos fuertes para
hacer de esa velada un episodio inolvidable.
Un ambiente que
estimule la sensualidad, luces tenues, velas encendidas en la habitación,
suavidad, un olor agradable y si quieres algo de la música que usan para
hacer el amor o aquella que encaja perfecto con la situación. Todo debe
invitar a gritos al sexo placentero.
Lencería más
sensual que tengas o compra algo nuevo para la ocasión. Si el atuendo que
escoges es ligero y permite definir tus curvas y puntos fuertes mejor, que al
verte él ya pueda predecir que le espera algo muy bueno.
Sienta a tu
chico en un lugar en el que esté cómodo y pueda observar todo con placer, y
comienza a provocarlo con besos húmedos, roces, palabras eróticas,
baila a su alrededor de forma lenta e insinuante, la idea es excitarlo con tus
movimientos y actitud pero sin permitir que él pueda tocarte o controlar la
situación.
Así como las
stripers, cuando le haces a tu chico un baile erótico debes tener el total
control de la situación y no permitir nunca que sea él quien decida el
próximo paso.
Cuando sientas
su excitación entonces sepárate un poco, párate frente a él y comienza a
desnudarte suavemente al ritmo de la música, este es el momento para hacer
tu baile mucho más sensual y provocador. Tus movimientos deben ser lentos
imitando un poco aquellos que usas cuando tienes sexo, puedes dejarlo intervenir
para tocarte y disfrutar de tu cuerpo.
Puedes interactuar con él o aplicar la técnica del cabaret y no permitir que te toque demasiado hasta que termines tu baile erótico. Ambas opciones son muy excitantes, permite que la espontaneidad lidere tu baile sensual y déjate llevar por lo que más te provoque.
Puedes interactuar con él o aplicar la técnica del cabaret y no permitir que te toque demasiado hasta que termines tu baile erótico. Ambas opciones son muy excitantes, permite que la espontaneidad lidere tu baile sensual y déjate llevar por lo que más te provoque.
4.3.2. Juguetes sexuales
Juguete
sexual es un objeto que sirve para aumentar el placer del
sexo en pareja o para autocomplacerse.
Algunos juguetes:
a) Muñecas inflables. Uno de los
juguetes más viejos, ideal para aquellos que gustan de usar
su imaginación. La nueva gama de muñecas hace que la experiencia sea más
real, su material ya no es de plástico, hoy las hay de silicón.
b) Anillos para prolongar la erección. Son también
conocidos como cock rings y fueron creados en principio como método para
mantener la erección durante más tiempo, en caso de que existieran trastornos,
pero ahora también se usan como parte de un juego sexual. Puede ayudar a
controlar la eyaculación, además de que algunos son diseñados para dar
nuevas sensaciones al clítoris.
c) Fundas para penes. Se han
convertido en uno de los accesorios eróticos favoritos de muchos hombres. Es un
objeto en forma cónica que se coloca en el pene a la hora de la penetración.
Ayudan a retardar el momento de laeyaculación y a mantener
la erección por más tiempo. También cumple otras dos funciones: darle
más tamaño al pene y dar nuevas sensaciones a la vagina. Hay diversas texturas,
colores y puntas para todos los gustos.
d) Bombas de vacío. Tienen forma
cilíndrica y llevan una bomba manual o eléctrica. Se colocan sobre el pene y
succionan el aire para que la sangre fluya de mejor manera y se logre una
erección más fuerte.
e) Estimulador prostático. Un juguete que
ayuda a descubrir el punto P masculino, esto es, la zona de la próstata.
Este tipo de juguetes sexuales deben emplearse para la penetración anal,
pues es de esta manera que se puede acceder a la próstata fácilmente.
f) Los estimuladores de próstata son juguetes
que no poseen un diámetro muy grueso, la penetración no representa ningún tipo
de dolor. La curvatura de su punta está diseñada para alcanzar y masajear a la
perfección la próstata, dadndo lugar a la excitación absoluta.
De acuerdo
con Santiago Frago, sexólogo y codirector del Instituto Amaltea,
centro especializado en sexología, “el hombre sufre hoy una crisis erótica
porque se ve obligado a cumplir unas expectativas muy altas”. Sin embargo, está
claro que los accesorios eróticos no son exclusivos del sexo
femenino.
4.3.3. Pornografía
La pornografía,
de acuerdo a las definiciones universales de mayor consenso, es la exhibición
de contenidos sexuales, en forma obscena, con la intención de excitar o
promover la lujuria La pornografía no es arte ni tampoco mero erotismo o sensualidad.
La escultura del beso, de Rodin, o la Maja desnuda, de Goya, son sensuales pero
no son pornográficas. La pornografía es cruda exhibición de genitales y actos
sexuales de toda índole, donde abundan las imágenes sadomasoquistas, la
pedofilia y otras aberraciones, individuales o en grupo. Es una industria millonaria, prima
hermana de la prostitución, que vende sexo cosificando y envileciendo al hombre y a la mujer. Es explotación ruin de
los seres humanos, y sobre todo de la mujer. Los artistas se sentirían posiblemente
ofendidos ante la pretensión de elevar la porno a la categoría de arte o
estética. La pornografía es más bien negación del arte y del amor. Tampoco puede alegarse que la porno
pertenezca a la esfera del pensamiento, como la filosofía, o el debate de las ideas.
En efecto, la
pornografía es una actividad comercial que deforma, enferma y empobrece la
psiquis humana. Está bien documentada la correlación entre delitos de agresión sexual,
tales como violación, abuso de menores y hostigamientos, y la afición a la
porno en los criminales que los cometen. No hay un solo educador, psicólogo o
científico social, que argumente coherentemente acerca de los beneficios
personales o sociales de la pornografía. Su impacto negativo se maximiza en las
mentes menos formadas. ¿No conviene entonces dificultarle sus posibilidades de
corromper a la niñez y a la juventud restringiendo
su promoción comercial, como se
hace con las drogas, mientras se educa al
mismo tiempo sobre sus peligros?
En la televisión, películas, videos
musicales e Internet puede verse fácilmente todo tipo de escenas sexuales. A
pesar de lo que dicen los defensores, la pornografía tiene grandes
repercusiones en el comportamiento sexual de la gente
así como en la visión del sexo. Los investigadores de "La fundación
nacional para la investigación y educación de la familia" concluyen que
quienes están expuestos a la pornografía tienen más probabilidades de
desarrollar tendencias sexuales anormales.
Algunos
investigadores afirman que la constante contemplación de material pornográfico
puede inhibir el deseo del individuo de mantener con su pareja, e impedir que
estas le satisfagan. Según el doctor Víctor Cline especialista en el
tratamiento en sexos adictos ha observado que esta adición suele evolucionar
siempre de la misma forma. Si no se le pone freno, lo que comienza de forma
accidental conduce con el tiempo a pornografía cada vez más dura y aberrante,
lo cual a veces lleva a conducta sexual anormal.
Los estudiosos
del comportamiento humano concuerdan con esta teoría. El doctor Cline informa que así pueden
surgir distintos tipos de desviación sexual que ningún sentimiento de culpa
puede curar o corregir y con el tiempo el adicto quizá intente hacer realidad
sus fantasías inmorales inspiradas en la pornografía y con consecuencias
devastadoras.
El doctor Cline
aduce que la adicción al sexo se produce de forma gradual e inadvertida
como el cáncer, sigue creciendo y
esparciéndose. Casi nunca se detiene y es muy difícil de tratar y de curar. Con
frecuencia el adicto niega su problema o no quiere hacerle frente lo cual
siempre termina en desavenencias con el cónyuge, a veces en divorcio y en ocasiones en
ruptura de amistades íntimas.
Muchas personas
no perciben el cuadro completo ni se percatan de los problemas que causa la
pornografía. Algunos se dejan influenciar por quienes alegan que no hay prueba
de que las imágenes eróticas perjudiquen a nadie. Al igual que un anuncio
publicitario la pornografía trata ante todo de despertar apetitos que no
existan. "la pornografía es simple y llanamente un negocio"
En este
desenfrenado mercado cualquier cosa es
vendible, sobre todo el cuerpo femenino y las relaciones sexuales. Algunos
médicos sostienen que la pornografía crea a veces una adicción mucho más
difícil de vencer que la adicción a las drogas. El tratamiento de un toxicómano suele
comenzar con la desintoxicación, cuyo objetivo es eliminar del cuerpo la
sustancia tóxica, pero la adicción a la pornografía genera imágenes mentales
que mediante ciertas reacciones químicas cerebrales se han implantado para
siempre en la mente del adicto, por tanto los consumidores de pornografía
pueden recordar vívidamente imágenes obscenas que vieron hace años. La
pornografía es la primera sustancia adictiva de la que no es posible
desintoxicarse.
CONCLUSIONES
REFERENCIAS
LINKOGRÁFICA
BIBLIOGRÁFICA
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