“DIVERSIDAD SEXUAL” (Y AMOROSA)
(Guillermo Núñez Noriega)
Al final, la mejor manera de viajar es sentir.
Sentir de todas las maneras.
Sentir todo excesivamente (...)
Cuanto más sienta, cuanto más sienta
como varias personas, cuanto más
personalidades tenga,
cuanto más intensamente,
estridentemente las tenga, cuanto más
unificadamente diverso, dispersamente atento, esté, sienta, viva, sea,
más poseeré la existencia total del
universo,
Álvaro de Campos (Pessoa) III, no es cansancio y otros poemas sin fecha,
Madrid, Poesía Hiperión. 1998. (pág. 9)
RESUMEN
Muchas
personas de todo el mundo, distintas edades, de todas culturas somos
diferentes, pero con una cosa en común, que todos tenemos dignidad humana y
gozamos de los mismos derechos.
Diversidad
sexual nos habla de diversidad que encontramos en todas las personas que tienen
distintas orientaciones sexuales.
El
término “diversidad sexual” no es un término “neutro”, dos simples palabras
para referir una realidad, por el contrario, encierra en sí mismo una manera de
concebir la realidad y, por lo tanto, tengamos o no conciencia de ello, define
el carácter de nuestra lucha política en el ámbito de la existencia sexual. El término “diversidad sexual” es un término
político, como los términos “gay”, “lesbiana”, “bisexual”, “heterosexual”,
“sexualidad normal”, “perversión”, “transgénero”, “joto”, “marimacha”, “buga”
y, al igual que estos, tiene implicaciones en la manera en que se nombran y, en
consecuencia se construyen, diferencias sociales más o menos significativas, se
configuran relaciones de poder y posibilidades de resistencia.
Es
importante recordar que la existencia sexual de las personas ha estado sujeta a
múltiples representaciones y regulaciones, al punto de poder decir que no sólo
las palabras construidas en el campo sexual como “sodomita”, “hombre”, “mujer”,
“normal”, heterosexual”, “homosexual”, “perverso”, han sido construcciones de
determinadas sociedades en particulares momentos históricos, sino que la
definición misma de lo que entendemos por “sexual” es el producto de una
convención social heredada. Qué es
“sexual” ha diferido de una sociedad a otra y de una época a otra. Estas distintas maneras de concebir (por lo
tanto “construir”) lo que entendemos por “sexual” ha dado lugar por su parte, a
distintas maneras de regular y controlar “lo sexual” en el comportamiento, las
relaciones, el cuerpo y los productos de las acciones de las personas.
I.
DIVERSIDAD SEXUAL: TRES USOS COMUNES
1.
Su uso como eufemismo o forma
“decente” para referirse públicamente a individuos o grupos estigmatizados con
palabras consideradas “vulgares”. Se está utilizando como eufemismo, como una
palabra menos “altisonante” para decir “gay”, “lesbiana”, “bisexual”,
“transgénero” o de plano “puto”, “joto”, “marimacha”, “bicicleta”, “vestida” o
“loca”.
2.
Su uso como término “sombrilla”
para agrupar a esos individuos o grupos estigmatizados por sus prácticas
sexuales o su identidad sexo-genérica. Estrechamente ligado al uso eufemístico,
se encuentra el uso del término “diversidad sexual” como término “sombrilla”
para una diversidad de identidades históricas y políticas, portadoras de sus
propias limitaciones y posibilidades liberadoras, no completamente exploradas
en sí mismas. El problema con este uso
“sombrilla”, es que mete en una misma visión ideológica y política,
homogeneizándolos, a personas y grupos con intereses, experiencias de vida,
necesidades y posicionamientos sociales, simbólicos y políticos diversos.
3.
Su uso para referirse a la
“otredad” de la trilogía de prestigio “macho-masculino-heterosexualidad”. El
término “diversidad sexual” tal y como está siendo usado, para agrupar a
personas y grupos con identidades no heterosexuales, es un absoluto equívoco
tanto lingüístico como ideológico. El
concepto “diversidad” sólo puede ser usado para caracterizar a una totalidad de
unidades de una especie: de canicas, de vestidos, de sombreros, de personas o
de cualquier otra categoría, no a una parte del todo.
Al usar el término “diversidad
sexual” para referirnos sólo a unos grupos particulares, los “no
heterosexuales”, estamos actualizando en un lenguaje eufemizado y sanizado la
dicotomía “adentro-afuera”, “centro-periferia”, “Uno-otro”, “completo-carente”,
del heterosexismo. Existe un afuera, una
periferia: “los diversos”, pero que por reflejo simbólico da vida a “un todo”
que, ese sí, no es diverso, sino “homogéneo”, “unificado”. Por eso cabe preguntarse, ¿Si unos grupos son
“de la diversidad sexual” entonces los otros, los no gay, las no lesbianas, los
no bisexuales, los no transgéneros, esto es, los “no diversos” ¿qué son? ¿Los
de la “homogeneidad” sexual? ¿Los de la “unicidad” sexual? Detrás de este uso de las categorías se
reproduce de nuevo el viejo correlato heterosexista del “normal” y “los
raritos”, los “normales” y los “perversos”.
Los “diversos” de ahora son las “locas” de antes, pero en un lenguaje
“políticamente correcto”. Se trata de
una conceptualización que difícilmente puede conseguir en la arena política
algo más que la tolerancia del poderoso.
Me parece que tenemos que cambiar los conceptos o su uso, si queremos
cambiar los efectos políticos.
II. LOS DISCURSOS DOMINANTES DEL CAMPO SEXUAL: SU VISIÓN INTEGRISTA
II. LOS DISCURSOS DOMINANTES DEL CAMPO SEXUAL: SU VISIÓN INTEGRISTA
Su visión integrista Este sistema
involucra tres aspectos principales de la existencia sexual:
1. El binarismo sexual:
Es la creencia y práctica de construir
“dos sexos” de los cuerpos humanos. Esta creencia y práctica, como ya
vimos anteriormente se encuentra ligada a ideologías centrales del patriarcado:
su visión reproductivista de la sexualidad y su heterosexismo. Pero el
binarismo sexual tiene que enfrentarse a una serie de evidencias corporales que
nos muestran que el asunto de formar “dos sexos” perfectamente distintos
(además de “opuestos” y “complementarios”) es más un trabajo conceptual y
quirúrgico que una constatación de la naturaleza. Esto es lo que nos
muestra esa variedad sexual que durante mucho tiempo se llamó “hermafroditismo”
y que hoy recibe el nombre de “intersexualidad”: personas que nacen con
características sexuales cromosómicas, gonadales, genitales u hormonales que no
coinciden con las categorías sexuales binarias de macho y hembra humanos.
2. El binarismo de género: Involucra además de esa concepción dual e integrista de
los géneros “masculino” y “femenino” otro elemento: el androcentrismo, la
ideología y práctica cotidiana de jerarquizar a las personas, los objetos y los
seres del mundo según sus connotaciones de género, y de colocar como superior a
“lo masculino” y a los varones. La otra cara del androcentrismo hemos dicho, es
la misoginia, el desprecio a lo considerado culturalmente femenino y a las
mujeres. Pero también a los hombres que no cumplen el ideal social de
masculinidad.
Por otra parte, el binarismo y el
integrismo de género que acompañan al binarismo e integrismo sexual mencionado
en el apartado anterior, involucran una concepción adicional: la supuesta
complementariedad en el plano psicológico, doméstico y social que garantizan la
reproducción social “ordenada.”
3. El binarismo erótico y
heterosexismo: Los binarismos sexuales y de género adquieren un cierre
ideológico (que genera una sensación de coherencia y unicidad) en la
heterosexualidad. La heterosexualidad en la medida en que implica la
sexualidad de “los diferentes”, esto es, de los que previamente han sido
definidos como “opuestos” y “complementarios”, se constituye en el espacio
ideológico que provee de sentido a los anteriores binarismos, proyectándolos en
una finalidad biológica y social: la reproducción de la especie y la
reproducción social de un modelo de pareja y familia donde el
macho-masculino-heterosexual vuelto “padre-esposo” tiene preeminencia de
autoridad y privilegios. Al mismo tiempo, los anteriores binarismos que
las ideologías sexistas “naturalizan”, transfieren esa “naturalidad” a un deseo
y una práctica sexual institucionalizada: la heterosexualidad. La
ideología reproductivista de la sexualidad, aquella que considera que el único
fin válido y natural de las relaciones sexuales es la reproducción se convierte
en el pilar fundamental del heterosexismo y del binarismo sexual y de género.
III. EL CONCEPTO DE DIVERSIDAD SEXUAL: SUS
IMPLICACIONES TRANSGRESIVAS
La revisión crítica de este
sistema sexista nos ha permitido, a su vez, visualizar y legitimar una
diversidad de formas de existencia sexual, de género y eróticas que
tradicionalmente resultan invisibilizadas, censuradas, o deslegitimadas como
patológicas o de plano discriminadas. Estas diversas formas de existencia
sexual involucran varios reconocimientos:
1. Más allá de la dicotomía macho y hembra, existe una diversidad de
sexos, existen los diferentes tipos de intersexualidad.
2. Las identidades de género son construcciones sociales que limitan
las potencialidades humanas, así mismo generan inequidades.
3. El binarismo erótico heterosexual-homosexual forma parte de un
dispositivo heterosexista que jerarquiza los erotismos, colocando en la cúspide
a la práctica y a la identidad heterosexual, así mismo, es una hechura cultura
que pretende negar no sólo la legitimidad de las diferentes orientaciones
sexo-afectivas, sino también la diversidad erótica en cada individuo, como una
realidad y como un potencial humano
4. La sexualización de “los otros no-heterosexuales” y la negación
del fenómeno amoroso más allá de la pareja heterosexual, actúan como
dispositivos homofóbicos de poder para encumbrar la heterosexualidad y el
modelo de familia patriarcal, así como para negar legitimidad a otras variantes
amorosas.
Así mismo, el concepto de
“diversidad sexual y amorosa” nos plantea posibilidades radicales y liberadoras
cuando lo utilizamos para referirnos a la riqueza sexual, de género y erótica
entre las personas y a las múltiples posibilidades en cada uno de nosotros, al
menos a su existencia “en potencia” dentro de cada ser humano. En este sentido,
al reivindicar la “diversidad sexual y amorosa”, reivindicamos el derecho de
cada sujeto a vivir de manera diversa su existencia sexual, de género y
erótica, a reconocer sus múltiples capacidades placenteras y de goce en la
sexualidad, el derecho a la experimentación y al cambio, el derecho a
cuestionarse la sexualidad socialmente sancionada y esforzada en su persona
desde las instituciones sociales.
IV. ÉTICA Y DIVERSIDAD SEXUAL
El concepto “diversidad sexual”
es un concepto político que cuestiona el orden sexual y de género dominante y
condensa la aspiración de una sociedad que no discrimine y que garantice el
reconocimiento y la equidad para las diferentes variantes de la existencia
sexual, de género y eróticas.
El concepto de diversidad
sexual no significa, por lo tanto, que “todo se valga” con relación a la
sexualidad. El dilema “sólo se vale el
sexo heterosexual, reproductivo y falocéntrico entre mujer femenina y hombre masculino
y nada más” o “todo se vale” es un dilema propio de las sociedades
patriarcales, autoritarias, rígidas. La
amenaza de la anarquía es una amenaza del autoritario cuando existen
planteamientos que disputan su hegemonía.
El “libertinaje” es el “petate del muerto” de una sociedad asustada,
culpígena, desinformada y erotofóbica que teme a sus propias pulsiones sexuales
porque no las conoce. La represión funda
el miedo a las propias pulsiones sexuales.
V.
LA “DIVERSIDAD SEXUAL Y AMOROSA” Y LAS OTRAS
DIVERSIDADES SOCIALES
Las distinciones dominantes que
organizan el campo sexual con efectos de poder diversos sobre la existencia
sexual de las personas, son sólo una dimensión de las distinciones que permean
el campo social en general.
Un problema que se nos plantea en el ámbito
teórico y político es cómo entender esta “feria” de distinciones en términos
sociales y personales, así como en sus efectos sobre las relaciones de poder,
resistencia, complicidad o acomodamiento en las cuales todos participamos,
asuntos que ponen bajo el reflector tanto nuestras categorías de pensamiento
social como identidad, poder, cultura, estructura, dominación, etc., como
nuestra imaginación política. Su análisis es muy complejo y rebasa las
intenciones de este ensayo, sin embargo es importante mencionarlo como
asignatura pendiente, sobre todo porque si es nuestro interés realizar
activismo en el campo sexual, es importante tener una visión más amplia de la
manera en que estos asuntos se “articulan” con otros.
En resumen, existe una diversidad sexual
como parte de una diversidad social que nos habita. La diversidad sexual se
encuentra integrada en las personas a otras dimensiones de su sociodiversidad y
esto tiene implicaciones de poder y resistencias diversas, con efectos diversos
sobre las condiciones de vida. La lucha por una sociedad más equitativa, justa,
respetuosa, democrática no puede darse en la descalificación, en la
banalización o secundarización de la demanda de los otros. Es importante llevar
a la agenda política el asunto de la justicia y la equidad al nivel de la
existencia sexual de las personas, hacer valer su importancia, hacer oír las
voces del reclamo, así como articular con claridad reflexiva las razones de la
demanda. Este ensayo ha tenido el
propósito de alimentar este proceso.
COMENTARIO
Estoy de acuerdo en que usemos el concepto
de diversidad sexual amorosa ya que considero que cada quien debe buscar su
felicidad a como le plazca, cada quien se debe juntar con quien más lo desee
sea de su mismo tipo o no. El ensayo es interesante y trata de un tema que
tiene mucha discusión ya que existen personas que aún no aceptan la opción que
los demás tomen en base de su sexualidad, estas personas para mi creo yo aunque
suene muy fuerte son ignorantes porque nadie puede ir contra los derechos de un
ser humano porque aunque tengan gustos distintos son seres humanos con la
capacidad de pensar, amar y poseen sentimientos.
Términos
como: lesbiana, gay, etc., en Latinoamérica no son aceptados dentro de nuestra
sociedad; en este ensayo el autor nos presenta de manera científica el
desarrollo de estos términos y lo que engloba, y nos permite ver la diversidad
sexual de una manera normal. Considerar el concepto de “diversidad amorosa y
sexual” para señalar la necesidad de respetar, construir condiciones de equidad
y reconocer la pluralidad de cada persona y entre las personas en relación a su
existencia sexual de su sexo, género y erotismo, dándonos un rumbo
ideológico.
GLOSARIO


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